Venus en Piscis, la Diosa del Mar.

Venus en PiscisVenus en Piscis desde el 27 de enero al 20 de febrero 2015.

Venus nació de la mar, y aunque gobierne a Libra con su belleza y a Tauro con su sensualidad, donde nace y muere y vuelve a nacer es en el mar infinito de nuestros sentimientos.  Por esta razón se dice que está exaltada en Piscis, está plena…con toda su complejidad.  Sin ella no habría humanidad, nadie amaría, nadie sufriría…nadie se sacrificaría. No habría arte, poesía, baile ni suspiros, ni anhelos, ni abrazos…no seríamos quienes somos. Venus es ambigua;   antiguamente sus favores podían complicarle a más de un héroe la existencia y arrastrar a ciudades y países a la guerra,  y lo que empezó como una bendición terminó siendo una maldición, algo trágico que acabaría  con linajes y casas reales enteras. Afrodita es caprichosa, como lo es el amor humano.

En Piscis camina por el ultimó de los doce signos, y vuelve al mar. Como la ola que surge temporalmente, aparentemente separada, baila y muere, así surgen nuestras  emociones, nuestros apegos, nuestros deseos, bailan y mueren en lo infinito de la consciencia del Ser. Afrodita se viste con el manto de la ilusión neptuniana, se vuelve sirena, magnetiza, seduce…nos inunda de sentimientos, los agarramos y los hacemos reales…y es esta su trampa, su red de pescadora con el que nos caza y nos arrastra al fondo del mar, donde nosotros, los humanos, nos ahogamos y perecemos dejando de existir.

Venus en Piscis en su forma más elevada es el amor universal, incondicional, el perdón, la compasión y la empatía. Nos permite sentir el alma del otro, su pesar, su alegría, su dolor. Venus en Piscis es la capacidad de sacrificio que todos tenemos. Difumina los límites. Une…fusiona. Es intuitiva, capta lo que no se dice. Escucha los secretos de otros mundos, los plasma en música, en pinturas, en belleza. Es imaginación creativa.

Sin embargo manifiesta su lado más oscuro   cuando nos empuja a perdernos en el otro, cuando borra los limites sanos en las relaciones, cuando nos hace creer que los reflejos en los espejos son reales, cuando nos incita a fusionarnos, a amar demasiado y sin remedio.  Como una sirena que engaña al marinero, nos engaña cuando nos susurra que nuestras necesidades no son importantes, que tenemos que sacrificarlas por amor;  nos confunde haciéndonos creer que es algo noble y santo.  Toleramos,  perdonamos con un perdón que nace del miedo a la soledad .   Es caprichosa y nos pone a prueba…nos quiere auténticos; e igual que ella nació del mar, bella y triunfante, lista para pisar la tierra firme, tal como la han pintado los maestros a lo largo de los siglos, quiere, en el fondo, que nos individualicemos, que nos despertemos: que permitamos que muera lo pequeño en nosotros, nuestro ego limitante, nuestra personalidad solidificada  ya obsoleta, a la que nos agarramos como un náufrago a su trozo de madera, para así descubrir que sabemos nadar, que incluso disfrutamos nadando, buceando, viendo nuevos mundos marinos, con peces de colores, algas, arrecifes,  y que ni siquiera los tiburones son lo que  nos han contado,   y con gran sorpresa, descubrimos lo impensable: somos capaces de respirar en lo profundo del agua.  Entonces somos, por fin, hijos e hijas de la Gran Diosa Afrodita,  y sabemos amar con un Amor más grande.

Copyright© Margit Glassel.
28/1/2015
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