Saturno en Sagitario (primera parte).

Saturno en SagitarioAhora que Saturno por fin ha salido de Escorpio podemos preguntarnos como nos va a afectar su tránsito por  Sagitario durante los próximos dos años.  Ya hemos podido sentir un aperitivo durante su primera estancia en el signo del Arquero que duró desde el 23 de diciembre 2014 hasta el  15 de junio de 2015. Llegó hasta 4º56 para luego, en modo retrógrado, ingresar de nuevo a Escorpio.

Lo primero que probablemente percibimos con Saturno en Sagitario es una gran inseguridad; algo que suele ocurrir cuando cambia de signo. Es el Guardián de la Puerta, y su  primer impacto es el miedo y  la frustración. Nos desafía, y nos infunde el temor de  no estar a la altura. Saturno es lento, paciente, tradicionalmente se asocia con el plomo, añadiría el acero, las rocas, los desiertos y las tierras del norte. Es frío, es Cronos, el señor del tiempo, el que nos devuelve los frutos de lo que hemos sembrado, para bien o para mal. Nos pone a prueba y nos hace madurar. Nos enseña a protegernos, a establecer limites sanos y ver la realidad sin tapujos.

La energía de Sagitario, con la que ahora se expresa, es muy diferente: es un signo mutable, de fuego, gobernado por Júpiter, el planeta de la expansión y del crecimiento. Sagitario necesita movimiento, es el zíngaro que deja atrás la India para descubrir nuevas tierras en Europa del este; es el mochillero que camina por las montañas africanas, que convive con los nativos y escucha cuentos de extraños  dioses … otras culturas, otras creencias, otras costumbres…y un buscador. Sagitario necesita libertad para lanzar al vuelo su flecha, dejar arder su fuego espiritual y buscar nuevos significados. Es entusiasta, optimista y, al igual que  los demás signos de fuego,  los limites no son precisamente su punto fuerte.

Saturno en Sagitario nos ayudará a salir de nuestra zona de confort, nos exigirá disciplina y compromiso para explorar nuevas posibilidades, nuevas verdades y formas de ser. Obviamente Saturno es trabajo, siempre. Aborrece la pereza y no comprometernos con sus retos abre la puerta a la desesperanza, la depresión y la melancolía. Es pesado, es como el plomo, y por lo tanto nos puede aplastar. Es el Maestro que nos empuja al limite para que nos superemos y consigamos  nuestra graduación. Sin esfuerzo no hay ganancia. Sin sudor no hay pan. Después de habernos arrastrado al  inframundo escorpionico, de habernos obligado a hurgar en las profundidades y a integrar la sombra, Saturno nos empujará al crecimiento, al avance, a una mejor versión de nosotros mismos y a la confianza en nuestras propias capacidades. Pero tenemos que colaborar.

¿Cómo?

El primer paso podría ser observar nuestras creencias limitantes, nuestra falta de fe, nuestras dudas o por el contrario nuestros excesos, nuestra falta de limites y  nuestro optimismo infundado y poco realista; antes de arreglar un problema hay que detectarlo, estudiarlo y saborearlo. ¿Dónde somos flojos, poco resilientes, perezosos? Antes de disparar la flecha a nuevas dianas o cabalgar hacia tierras extranjeras, podemos aprovechar el comienzo del tránsito para explorar el estado de nuestras estructuras y de nuestra personalidad . ¿Dónde termina nuestra zona de confort?

No hay prisa. Saturno templa el fuego de Sagitario, lo centra, lo ralentiza, le da estabilidad; le construye un templo, despacio, para que pueda arder protegido de la intemperie. Mientras tanto podemos empezar a entrenarnos. El deporte es una buena manera.  Sagitario gobierna todo tipo de actividades físicas al aire libre:  correr, andar por las montañas, montar a caballo, bailar,  todo lo que sea fuego y movimiento.  Formarnos es otra. Para crecer y conseguir nuevos objetivos muchas veces tenemos que pasar por fases de intensos aprendizajes y estudios. Viajar para expandir nuestros horizontes, aprender idiomas y sobre todo cambiar de actitudes. Saturno participa, muy seriamente eso sí, de la mutabilidad de Sagitario. Podemos probar la estrategia de los antiguos magos que tiene como objetivo aumentar la flexibilidad y de-solidificar el ego y consiste en hacer justo lo contrario de lo que solemos hacer siempre: Si nunca hablamos, pues ahora toca hablar. Si siempre somos nosotros los que hablamos, ahora nos entrenamos en la escucha. Si somos muy caseros, podemos explorar nuevos ambientes y si solemos ser  el alma de la fiesta podemos probar lo que se siente viviendo un tiempo en soledad.

Serán tiempos interesantes, productivos, con un entusiasmo organizado y aplicado… y con un crecimiento asegurado si ponemos de nuestra parte y nos esforzamos todo lo que podamos.

20/09/2015

Copyright© Margit Glassel.
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