Karma y company

Sé qué este articulo va a levantar ampollas. Voy a expresar mis ideas acerca del Karma. Tengo una formación sólida de 30 años dentro del Budismo Vajrayana y me siento muy afortunada de que el Buda mismo dijera: “Escucha bien las instrucciones que te doy, ponlas en práctica y si te funcionan adóptalas, intégralas. En el caso contrario no te las quedes, busca otra cosa. El Buda histórico no buscaba seguidores o creyentes. Buscaba practicantes, experimentadores, los que cuestionan. Tengo genes de hereje, alma de hereje y una mente de hereje. Una vez una de mis maestras me dijo: “No vas a hacer nunca nada solo porque alguien te lo dice si primero no estás convencida.” Es cierto. Para los que no sepan que es EXACTAMENTE un hereje aquí está la definición: un hereje cuestiona, con un concepto controvertido o novedoso, ciertas creencias establecidas en una determinada religión.
Ya que estamos, definimos también Religión: “La religión es una fe; la devoción por todo lo que se considera sagrado. Se trata de un culto del ser humano hacia entidades a las que se atribuyen poderes sobrenaturales. Como tal, la religión es la creencia a través de la cual las personas buscan una conexión con lo divino y lo sobrenatural, así como cierto grado de satisfacción espiritual mediante la fe para superar el sufrimiento y alcanzar la felicidad.”
Ya sabéis que una de mis actividades favoritas es buscar las dimensiones profundas de las palabras.
Seguimos. Según eso el Buda era un hereje porque cuestionó, siendo príncipe aún, el sentido de la vida de su linaje real y luego el de las enseñanzas establecidas en ese momento porque buscó su propio camino. Lo amo. Es uno de mis héroes y fuentes de inspiración.
El Karma:
La palabra Karma (sánscrito: कर्म ) significa acción. No solo la del cuerpo sino de la palabra y de la mente también. Son lo que se llama tradicionalmente las tres puertas. El Karma es una ley natural como lo es la de la gravedad. Es la ley de causa y efecto. Si plantamos una semilla, y la protegemos y cuidamos, recibiremos un fruto en el futuro. Esta ley es una puerta a la libertad porque podemos crear nuestra propia realidad con lo que hacemos, decimos y pensamos. Quizás tardará un tiempo en manifestarse el resultado. Puede que haya zarzas y piedras a quitar, es decir desprogramar y purificar el continuo de la consciencia para que no ahogue lo que está creciendo con viejos patrones.
El Karma muchas veces se usa, incluso en círculos budistas, como un inconsciente (y a veces consciente) deseo de venganza. Al puro estilo de “a cada cerdo le llega su San Martín” (=la matanza del cerdo). Cuando escucho frases en situaciones de injusticia de este tipo se me revuelven las tripas. Ya les llegará su karma. El Karma se encargará. El universo (o Dios, igual me da) hará justicia.
¿Es el universo un gigantesco contable? ¿Encargado de las venganzas frustradas y de la sed de justicia de los débiles y desprotegidos? Pues lo siento mucho pero no me lo creo. No me tiene mucho sentido. Luego veo también que en esta actitud todavía vibra mucha venganza.
Una furia y venganza que dejo en manos de Dios o del universo porque así me escaqueo y no asumo las consecuencias de mis actos. Dejo actuar el famoso Karma y no me ensucio las manos. ¿Pero no os parece que todavía hay rabia ahí, no hay perdón, hay sentimientos sombríos en lugar de sentimientos nobles, cristianos, budistas, espirituales etc? Tapamos nuestra furia con la ley del Karma. No pasa nada tampoco pero ya es hora de soltar el apego a la santidad y ser sinceros. Si no me puedo vengar, invoco al Karma. Eso tiene dos efectos. Uno que no hago nada. No hay cambio inmediato ni social. No confronto. Dejo que las injusticias sigan. Dos, no tomo consciencia de mi cobardía (ni de mi rabia) y me siento buen practicante.
Con eso no quiero decir que nos convirtamos en malas bestias pero sí que confrontemos hábilmente las situaciones que se generan en nuestras vidas y seamos un poco más pro-activos. Precisamente Karma significa “acción”. Co-creamos la realidad colectiva. Para eso hay que formarse, adquirir sabiduría y una visión clara. Eso implica un esfuerzo, unos estudios, una práctica, un compromiso, un código personal de ética, los ojos bien abiertos y capacidad de observación. Es utilizar nuestro Saturno, el Señor de la ley de causa y efecto, ya sea por el potencial que aporta a nuestra carta natal o por vía de sus tránsitos.
Eso es un tema. El otro es que no creo que el Karma sea tan matemático como lo explican algunos antiguos textos. Si robo una cabra me van a robar en una futura vida otra cabra. O si mato una cabra me voy a encarnar durante (creo que eran 500 ) otras vidas como cabra sacrificial. Lo comprendo más en el sentido de que si robo cabras voy a seguir robando en las próximas vidas. De este modo creo un hábito. Si me acostumbro a matar cada vez será más difícil sujetar ese impulso. Me acostumbro a matar y seguiré matando. El Karma son hábitos y tendencias que hemos formado con nuestros pensamientos, palabras y acciones. Nos convertimos en lo que practicamos. Y lo que está claro es que esos hábitos manifiestan realidades particulares y universos personales afines. Si me paso el día quejándome implica que mi cerebro solo filtra lo desagradable y lo feo. En medio de una hermosa primavera vivo en un universo de mierda. Y por más que alguien me hable y me enseñe las flores para mí no tienen brillo. Así de simple.
Esa realidad nos devuelve las riendas de nuestro destino. No hay Karma en ese sentido externo que hemos dicho antes. El Karma somos nosotros. Nos calentamos nuestro propio infierno. Todo empieza en la mente.
No sé si creerme que esta niña que está enferma de cáncer está pagando el Karma de una predecesora anterior (predecesora en el sentido de un continuo mental por supuesto) que hizo maldades. Supongo que sí. Hay que darle explicaciones a las desgracias que ocurren. El Karma es muy socorrido. Supongo que cuánto más avancemos espiritualmente como raza, más cambien nuestras creencias. Antes se pensaba que la tierra era plana, que podías absolverte de tus pecados con dinero, que una mujer que hablaba con un gato era una bruja etc…hoy todos hablamos con nuestras mascotas. ¿Quién vestía antes a su perro con chaqueta y lazos? Cambiamos, mutamos, y nuestros paradigmas también.
No quiero que el Karma castigue a nadie. Creo en la responsabilidad personal y social. Creo en los limites sanos. No creo en que haya que poner la otra mejilla, ni creo en el ojo por ojo. Creo en encontrar soluciones más creativas pero sí creo en que hay que actuar y asumir nuestro poder con responsabilidad. Creo en que las acciones tienen consecuencias y que hay que asumirlas. Quiero que sanemos todos. Sin excepción. Y que mientras tanto se cambien las leyes y que sean más justas, que las mujeres estén más protegidas y que los hombres saquen su masculinidad sagrada y nos apoyemos mutuamente para dar un salto. Nos necesitamos los unos a los otros, y en la era del “desapego” más que nunca, para caminar hombro con hombro hacia nuevas realidades.
© Margit Glassel
5/ 5/ 2018
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