Trabajar con la carta del Ermitaño

Muchas veces me preguntan cómo trabajar mágicamente con el Tarot. He decidido de usar la carta de Ermitaño como la puerta de entrada a este trabajo interior.

Quiero mantenerlo simple, sin complicarlo.

Primero tenemos que conseguir una imagen de la carta. Vamos a usar el Tarot mítico de Liz Greene. Es uno de mis Tarot favoritos porque está basado en la mitológica griega y tiene un poder evocativo muy grande. Lo uso en mis consultas con resultados excelentes.

El primer paso es colocar la carta delante de nosotros y meditar durante unos minutos en la imagen. Dejarnos empapar por sus vibraciones y lo que nos inspira.

Luego cerramos los ojos e intentamos  visualizar la carta, los detalles, las sensaciones…implicamos los cinco sentidos. Entramos en la carta. Nos sentamos cerca del Ermitaño en respetuosa contemplación. Sentimos el tacto del suelo yermo, el olor a desierto y a soledad. Oímos la respiración del cuervo, percibimos el agrio aroma de la lámpara de aceite.  Entonces alzamos la vista y miramos fijamente a los ojos del Ermitaño. Nos dejamos impactar. Entramos en silenciosa comunión. Abrimos nuestro corazón ante su ser…y escuchamos lo que nos tiene que decir. Si algo pesa en nuestro corazón le planteamos la pregunta; nos contestará si procede.

El Ermitaño es la entrada a la Gran Obra. Se necesita tiempo y soledad para poder centrarse en uno mismo. Sujeta una guadaña al igual que lo hace la Muerte. Es el poder de cortar los lazos con lo que no nos deja evolucionar, ya sea en nuestro interior o manifestado en situaciones externas.  Sujeta la guadaña con mano firme para usarla, sin dudar,  cuando sea necesario. Está en el desierto porque él quiere. Es su Voluntad. Está quieto, pero alerto. No está dormido. Tiene los ojos bien abiertos. Su mirada es la que mira hacia dentro y hacia fuera al mismo tiempo.

Un cuervo se apoya en su hombro. Nocturno,  oscuro, mensajero y compañero. El cuervo es de la Diosa Oscura, la compañera secreta del Ermitaño. La Morgana camina  a su lado, invisible ante los ojos mundanos, endulzando sus desiertos con  sabiduría. Es la Shekinah disfrazada.

En su mano derecha sostiene una lámpara. El ve. Discierne. No va a oscuras. Conoce el camino. Hay mucha luz en el desierto. La luz dorada de la visión interior.

El Ermitaño se oculta. Se viste con el silencio. Deja reposar el habla. Crea espacio dentro y fuera. Espacio en el que se puede trabajar. Y este sería el siguiente paso el del Mago. No podemos ser el Mago sin pasar primero por el Ermitaño. Pegar el salto del Loco no es suficiente. Hace falta algo más. Hace falta el poder de Saturno que es el regalo que nos puede dar este arquetipo.

Cuando terminamos nuestras contemplaciones es importante anotar lo que hemos hecho y lo que hemos comprendido  en el Diario Mágico, es decir,  ese cuaderno en el que registramos nuestros trabajos y operaciones mágicas. Damos las gracias y dedicamos la energía para el bien de todos los seres.

El trabajo con la carta del Ermitaño puede ayudarnos a superar  adicciones,  sanar la dependencia emocional, aclarar la confusión,  integrar sentimientos de abandono, y cuando tenemos que aprender a estar solos o cuando necesitamos más disciplina, soledad y concentración.



© Margit Glassel

7/ 5/ 2018
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