De la Astrología, del Sol y de la Luna.

 

En época de la simplicidad de Tauro, la de los ritmos lentos y de la soledad misteriosa y placentera como si de un jardín de rosas en cada uno de nuestras células se tratara, floreciendo y vibrando con bondad e instinto, os quiero contar algo respeto a mi forma de entender la astrología. Olvidándonos un poco de los desiertos de Capricornio, sus rocas y oscuros señores viajeros. Con ellos hablaremos en otro momento.

Este arte, el de las estrellas, tan complejo que para muchos es tan complicado y laborioso entenderlo, como aprender alemán como segunda lengua extranjera. Hay una astrología de datos, de números, cálculos, libros, cursos, talleres y parece, y definitivamente es, un camino infinito. De una vida entera, y nunca termina. Haceros la idea. Nunca terminará el aprendizaje, siempre habrá algo nuevo, una técnica, una formula, un asteroide recién descubierto e importante; arquetipos que se manifiestan como setas en un bosque de otoño. ¿Por qué los seres humanos somos cada vez más complejos? ¿Porque las teorías son infinitas, contradictorias, absorbentes? Todavía hay puristas sin asteroides, en cuyos universos ni siquiera existe Quirón; o los predictivos cuyo esfuerzo consiste en devolvernos a un universo controlable, mecánico, predecible y sin sorpresas; están los psicológicos cuyo cometido es entender y sanar nuestros traumas; los kármicos que juran que estamos atrapados en historias de vidas pasadas y los evolutivos que no quieren pararse quietos porque la vida es crecimiento, los cuánticos, los orgánicos, y un largo etc.

Obviamente todos son útiles y tienen una pieza del puzzle, paradigmas interesantes por los que, si amas a las estrellas, conviene transitarl en uno que otro momento. Tendremos preferencias, según como estemos cableados, respiraremos más con uno u otro sistema. Pero sigue siendo una astrología de la esfera mental, de lo aprendido, estudiado, de lo otro y por lo tanto complejo y laborioso. Como hija de Mercurio y de Plutón, me gustan los desafíos, los estudios profundos, quitar el polvo a viejos grimorios, penetrar sus mitologías ancestrales, olfatear el conocimiento como un lobo a su presa, beber su sangre y digerirlo esperando que se pueda convertir en sabiduría gracias a los potentes jugos de digestión.
Pero no es lo mismo leer sobre el Sol en Tauro que salir al balcón y abrir nuestro corazón a sus rayos. Pasarán por la piel, por la experiencia directa y no por la mente o por un traductor.

Si nos sentimos aturdidos por la esfera mental, en tiempos de Tauro, y siempre, tenemos una gran oportunidad: la de experimentar las cosas por nosotros mismos. Nos enseñan las letras del alfabeto y nos dejamos inundar por cada una de ellas antes de intentar emular lenguajes complejos. Jugamos, saboreamos, exploramos sus sonidos.

Quiero que cada persona pueda descubrir y amar a sus estrellas y no morirse en el intento. Lo simple lleva a lo profundo. Es la semilla de Escorpio en las entrañas de Tauro. Los signos opuestos son como el YinYang.

Es interesante estudiar los sistemas y grimorios o libros de la Magia de otros donde cada Mago, es decir Creador de Su Realidad, dejó reflejado sus experimentos y resultados, pero más enriquecedor es, una vez aprendido los vocales y consonantes , conectar con nuestro propio lenguaje, con nuestra propia danza y canción. La que brota de la fuente, de la estrella sin forma, del Kia mismo. Ahí está todo… y en épocas de Tauro todo se para… y se queda quieto para que agudicemos los sentidos de las células y de los instintos y escuchemos… despacio.

Tauro necesita tiempo, es lento pero por algo es así, tiene su misterio escondido y si no le hacemos caso bramará como el minotauro maldito, escondido en su laberinto por la vergüenza, la de otros no la suya, con sus síntomas generadores de ansiedad.

El Sol en su paso por los doce signos nos inicia en los ritmos que nunca serán iguales y que crecen en espiral, cada vez más profundos y más ricos…y la Luna con sus fases, mientras suben y bajan las mareas, nos sumerge en esa esfera donde uno no piensa sino simplemente es y ve.

Tenemos al Sol y a la Luna, visibles, ahí, cada día, a nuestro alcance iluminando nuestras vidas sin que a veces nos demos cuenta. Es tan sencillo como abrir la ventana, salir al balcón abrir cada poro y quedarnos quieto como una lagartija absorbiendo sus rayos y escuchar lo que nos “cuentan”. Déjalos entrar en tu alma más que a nadie. Por el cuerpo, por la piel, por los instintos, por los ojos. Puedes oler al Sol y a la Luna, ¿por qué no?

Comprenderemos porque a una Maga o a un Mago siempre se ha llamado Hija o Hijo de las Estrellas.
Es simple, solo es eso. Los planetas vienen después….

Un fuertísimo abrazo desde mi balcón.

© Margit Glassel

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