Mi proceso y lo que me pasó en 2022.

Mis muy queridos suscriptores, os quiero compartir unas palabras, desde lo más hondo de mis vivencias. Seguramente os habéis dado cuenta de que durante el 2022 mis newsletters han sido muy poco constantes. He experimentado un profundo bloqueo creativo con la escritura.

El 19 de mayo 2022, después de 2 años y tres meses de ardua lucha con un glioblastoma multiforme, un maligno tumor cerebral, el segundo de mis cuatro hijos falleció. Fui su cuidadora durante todo el proceso. Fue un honor poder compartir este tiempo con él y estar a su lado. Sanamos muchas cosas como madre e hijo, cosas del alma aunque, tristemente, su cuerpo no pudo superar esta dura enfermedad. Hubo quimioterapia constante, convulsiones terribles, afasias, e ingresos hospitalarios, pero de esto no os quiero hablar aquí porque ya fue. Durante todo este tiempo mantenía mis consultas astrológicas, creaba contenido para mi Patreon y di algún taller del Trabajo con la Sombra.

Escribir para mí siempre ha sido algo sagrado, algo mágico. Escribo desde mis entrañas, escucho las estrellas, estas fuerzas planetarias arquetípicas que habitan en todos nosotros, y dejo que hablen a través de mí. Sin embargo, cuando mi hijo se murió prácticamente en mis brazos, una parte de mí se fue con él al otro lado del velo, a esta tierra baldía del alma en la que nos enfrentamos con la realidad de la Muerte. Volví con una intuición reforzada, una empatía más grande, y una visión del mundo cambiada. Lo noté mucho en mis consultas individuales, al leer las cartas natales de mis clientes o al interpretar el tarot para ellos. Es como si mi consciencia hubiese madurado o se hubiera expandido soportando tanto dolor. Mi trabajo cada vez es más profundo, es como si se hubiese quebrantado un velo.

 

Sin embargo, mi “duende”, ese que me invita a escribir, se fue y solo volvió para visitarme brevemente, a trompicones, y cada vez que me ponía a escribir me parecía todo poco, como si las palabras se quedaron cortas, no podía llenar toda esta agua en una taza, en un pequeño papel llena de letras negras. Todo lo que escribía me parecía plano, bidimensional, mientras dentro de mi vibraban mil dimensiones caóticas que pujaban por ser expresadas. Aun así, a mis lectores les parecían encantar mis textos esporádicos, igual que siempre, agradeciéndome todas las interpretaciones de los tránsitos. Sois unos lectores maravillosos y os quiero muchísimo, me daba pena no poder crear más contenido, de no poder funcionar mejor, más lineal.

Me consolaba que en el trabajo individual de mis consultas cada vez era más profunda, y me concentré exclusivamente en ellas y en mi Patreon, cuya pequeña comunidad, a la que estoy profundamente agradecido por su amor y apoyo durante este difícil proceso, estaba ahí de una forma incondicional. Pero por lo demás, casi no escribía. No podía.

Empecé a hacer montaña, fusionarme con los elementos, compartir mis excursiones en stories de Instagram. Visité infinitos sitios sagrados del Pirineo alto y del Prepirineo aragonés donde vivo. Empecé a estar en forma, resistente, mucho más fuerte que hace dos décadas. Sudaba mientras hacía desniveles de más de mil metros  o caminaba veinte kilómetros. Encontré nuevas magias en ermitas y lugares abandonadas, bosques, picos áridos y misteriosos ibones llenas de leyendas de princesas moras y Encantarias. No podía expresarlo bien en palabras y entonces me puse a grabar pequeñas stories de mis experiencias. A veces pensaba que mi gente se debía de aburrir de tanta montaña pero me parecía todo tan bello y fascinante que quería darlo a conocer.

Durante la segunda mitad del 2022, gracias al dolor de perder mi hijo me pasé cada momento libre que tenía en la naturaleza y observaba como esta me acogía, aceptaba, retaba y sanaba.

He vivido muchas cosas muy bonitas en estos últimos meses que no caben en esta hoja, pero aun así  mi creatividad de escritora seguía bloqueada (y rodeada de mil “deberías “a los que con disciplina y esfuerzo he aprendido a soltar). Hasta hoy. Hasta hace nada. Hasta hace media hora. Mientras me hacia una infusión de Tulsi calientita, se me rompió un jarrón lleno de agua. Se esparcía por toda la encimera de la cocina y me di cuenta de que tenía que dejar fluir mi propia agua, no la de las lágrimas, ya he llorado mucho, sino la creativa. Necesito  escribir de otra manera, una desconocida, distinta, por lo menos durante un tiempo. Dejarlo fluir, simplemente fluir. Y esto es lo que he hecho, si es sobre astros, pues bien. Si es sobre otra cosa pues otra cosa, si es en mi web pues en mi web, si es en mi cuaderno pues en mi cuaderno. Que paz. Y ahí estaba mi musa sonriendo.

Además este mes pasado tocaba la clase de la Magia del Agua en mi Patreon y no había manera. Así que durante este mes de enero crearé dos clases sobre la Magia del Agua para compensar a mis mecenas gracias a este jarrón roto algo empezó a fluir. ¿De qué manera fluirá? Ni idea, ya os contaré. La vida es muy misteriosa e incluso los más terribles de las pruebas tienen un duende ocultado en ellas.

De momento quiero dar las gracias al 2022 que se fue, que quizás para mí ha sido el año más duro y transformador de mi vida. También quiero dar las gracias a Mercurio, tan introspectivo en estos momentos por su retrogradación, también a mi Daemon (o si prefieres “duende”), esa fuerza interna que me bendice y me desafía, me empuja y me da luz en el camino, y a mis amorosos miembros de Patreon, mis fieles lectores y seguidores en redes sociales y por supuesto al Gran Elemento Agua, que es para mí el elemento mágico más elusivo y difícil de trabajar. Os podría contar más cosas, sobre mis proyectos, mis sueños y aspiraciones para el 2023 pero tendremos tiempo, poco a poco. De momento os deseo todo lo mejor y más excelente para este nuevo año. Os quiero.

 

 


© Margit Glassel
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Mi enfoque es astrología evolutiva y mi trabajo se centra entre otras cosas en la integración de la sombra y descubrir los tesoros que se esconden en esa parte oculta de nuestro ser.
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